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Hace muchos años, en las tierras fértiles del Istmo de Tehuantepec, el camote era un alimento que las abuelas sembraban y cosechaban con paciencia, es un tesoro de la tierra: dulce, nutritivo y lleno de energía. Sin embargo, con el paso del tiempo, este tubérculo fue olvidado poco a poco, desplazado por otros productos más comerciales.
Un día, un grupo de estudiantes se preguntó:
"¿Por qué no rescatar este alimento ancestral y darle un nuevo valor para la salud de las familias?"
Así nació la idea de transformar el camote en harina, un polvo dorado que concentra toda su energía natural.
La harina de camote no solo conserva la esencia del campo, también se convirtió en una alternativa saludable para quienes buscan cuidar su cuerpo y controlar su azúcar.
En cada bolsa de harina hay una historia:
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El esfuerzo de las manos campesinas que siembran con amor.
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El conocimiento heredado de generaciones que entendieron la fuerza de la tierra.
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Y la visión de un futuro más saludable, donde lo natural vuelva a ocupar su lugar en la mesa.










